Si yo tuviera un gemelo, quizás no lo soportaría

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No voy a hacer aquí la distinción científica entre gemelos y mellizos, porque no me alcanzaría el espacio para intentar explicarlo pues yo mismo a veces me confundo: a ratos creo que son lo mismo y a ratos que no lo son.
Así que vamos a centrarnos en la idea de un gemelo como una persona idéntica a mí.
¿Cómo sería ese gemelo? No es tan fácil como decir que sería una fotocopia o un escáner de mi imagen física y de mi personalidad. No. Porque dependerá de todo lo que nos haya pasado a él (llamémosle X) y a mi desde que estuvimos en el mismo vientre de nuestra madre.
Supongamos que cuando mi madre cantaba en dirección a su abultado vientre, por la posición en la que nos encontrábamos X y yo, él le escuchaba más.
Y como mi madre cantaba hermoso en sus tiempos de juventud y primera madurez, X debía ser ya un intérprete extraordinario y hasta un cantautor.
Mientras tanto, como otra de las aficiones de mi madre era y es leer (ahora casi no puede porque la vejez le ha traído muchos problemas en sus ojos), es posible que cuando leía cuentitos y poemas de Rubén Darío, su autor preferido y el culpable de que yo me llame así, se dirigiese a mí. Y he ahí las consecuencias.
Y así. A mi madre le gustaba mucho las películas de Cantinflas pero a mi no. Conclusión, X pudo haber sido un cineasta humorístico que hubiera recogido ese don. En cambio, tenía terror a las películas de suspenso (no de monstruos, sino de miedo psicológico). Y he aquí yo, obsesionado por esos temas cuando leo libros o veo películas o escribo cuentos.
¿Se salvó X o me salvé yo? ¿Pudo X ser mejor que yo y más querido por mis padres y hermanos mayores y ser yo un necesitado de afecto o al revés?
Mi querido X, con todos mis defectos, creo que fue mejor que en ese vientre y en esa época solo hayaq estado yo.