Convivir con esos seres vengativos como yo...

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Debe ser difícil para un insecto vivir en mi casa.
No pueden estar tranquilos en ningún lugar porque ahí aparezco yo para hacerlos desaparecer.
No porque sea un mago, sino porque como soy obsesivo y persistente puedo pasarme toda la noche buscando a esa mosca que zumba alrededor de la lámpara o que se estrella contra el vidrio de la ventana y queda ilesa.
¿Qué derecho tiene este señor -deben decir- para perseguirnos así, de forma tan implacable, como si le hiciéramos tanto daño?
Pero están equivocados. Yo no soy vengativo. Podría dejarles a las moscas que zumben y zumben pero es que con ese ruido que a veces se acerca y a veces se aleja no puedo concentrarme y mi lectura nocturna se interrumpe demasiado.
Cuando vivía en la Costa había tantas hormigas de cabeza roja en el patio que por las noches me divertía viéndolas desfilar, unas en dirección hacia el norte y otras en dirección hacia el sur, pero siempre conectándose, como si al paso se dijeran algo o transmitieran una orden.
Con ellas nunca me metí porque ellas no se metieron conmigo (insisto, no soy vengativo, pero...).
Pero sí con las cucarachas y los grillos, en especial con ellas que, según los científicos, vivirán muchos años después de que desaparezca la humanidad. Quizás ese dato es el que más me producía rencor.
Valiente con las moscas y cobarde con las cucarachas. Qué extraño soy yo.