El día que una mujer me dijo que era atractivo

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Yo no sabía que era atractivo hasta que me lo dijo una mujer atractiva.
Me sorprendió que me lo expresara con tanta franqueza y emoción, como si fuera cierto.
¿O sí lo era?
¿O sí lo soy?
María suele decirme con frecuencia.
Y ella sí que es atractiva, sensual, hermosa, con una belleza original y un garbo e inteligencia inigualables.
Yo, tan autocrítico que soy con cada milímetro cuadrado de mi rostro, de mi pelo, de mis manos, de mi cuerpo, de mis ideas, a veces creo que me lo dice como piropo, pero cuando estoy a su lado observo, en realidad, una pareja muy atractiva.
Pero vuelvo al primer párrafo. La primera vez que una mujer me dijo que soy atractivo me ruboricé, o sea me acholé, y sentí que un escalofrío placentero recorrió mi alma.
Con María me di cuenta de que el atractivo no es un asunto físico, sino de personalidad, de carisma, de presencia, de seguridad en sí mismo, de autoestima.
Y me percaté que mientras más seguro me sienta de mí mismo, mejor me siento con los demás.
Y que eso es lo que se llama ser atractivo.
Atraer, por tanto, no es asunto de ser física o estéticamente perfecto.
Atraer no es asunto de proponerse atraer. Atraer es ser completamente tú mismo.