Pesadillas que se vuelven sueños

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Pesadillas que se vuelven sueños

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Anoche dormía y me despertaba y dormía y me despertaba. Me levantaba y volvía a la cama, sin saber bien lo que ocurría.

Retazos de pesadillas. Sueños extraños e incomprensibles. Historias entrecortadas que no entendía porque me sobresaltaban y luego cuando volvía a dormir (una media hora, una hora) ya se habían ido de mi inconsciente.
Sentía una amorosa envidia de María, que a mi lado descansaba profundamente, con una placidez y una ternura asombrosas, y que no sentía mis movimientos, mis paseos por la casa ni mis esfuerzos por quedarme dormido.
A las cuatro de la mañana decidí abandonar la cama de una vez. Me fui a la sala para no molestar con la luz a María y escribir sobre aquellos pedazos de sueños o de historias que me contaba yo mismo.
“Se sueña lo que en la vida real se teme o lo que se desea”, fue lo primero que puse en unas hojas a cuadros, amarillos, donde me gusta mucho escribir con un esfero de tinta azul cuya impronta parece salida de un plumero.
Y entonces me pregunté qué es lo que temo o lo que deseo.
Como los retazos de pesadillas eran violentos, agresivos, amenazantes, concluí que esos son mis temores: sufrir violencia o agresión de alguien que aborrece mi presencia en el mundo.
Pero, ¿y los deseos? Preferí dejarlos para pensar ese momento, despierto, y volver a la cama y abrazar y aferrarme a María en mi insomnio más profundo.

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@rd_bui