Un día me di cuenta que me había intimidado...

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MaloBueno 

Por Rubén Darío Buitrón

@rd_bui

 

Ahora que lo pienso, este tema de la timidez no he abordado con Gonzalito.
Por si no lo saben, Gonzalito es uno de los mejores psiquiatras del país y me siento orgulloso de ser su paciente hace años.
Con Gonzalito hemos hablado de todo. De absolutamente todo. Pero de este tema, no.
¿Será porque, en el fondo, fue irrelevante? Y si fue irrelevante, ¿por qué sufrí tanto en mi adolescencia cuando un día de octubre entré a primer curso del colegio y ya no era el alumno que brillaba por participación en clase?
Tampoco era el niño que en sexto grado ganó la medalla de oro en Religión. Me sabía de memoria los evangelios y amaba masticar las hostias.
No supe dónde quedó, entre las vacaciones de julio, agosto y septiembre, el veloz puntero zurdo y el magnífico actor del grupo de teatro. Había cambiado. Tanto.
El primer día el doctor Merlo, profesor de Redacción, que luego sería Contralor del presidente León Febres Cordero, tomó una lista del curso y al azar pidió la opinión de “usted, señor Buitrón”.
Me puse pálido. Lo de “señor Buitrón” me mató. ¿Yo, que aún era un niño, “señor”?
Supe lo que era ser tímido. Y aunque con el tiempo me hice temerario y audaz, aún no puedo olvidar aquella palidez que era como estar desnudo.
Acaboa de pedir cita con Gonzalito. Les contaré.