¿Quién y desde qué códigos define lo porno?

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Por Rubén Darío Buitrón

@rd_bui

 

La pornografía se divide en personal, doméstica, delincuencial e industrial.
Quizás los tres adjetivos últimos parezcan lo mismo y suenen a lo mismo. Y es posible que, al final, terminen siendo lo mismo partiendo de la primera división: la personal.
El círculo de la pornografía empieza, por tanto, desde el individuo que se aparta de lo normal, en apariencia, y decide tomar el rumbo de lo perverso.
Pero, qué es lo normal? ¿Quién lo define, califica o clasifica? ¿Según qué reglas o qué normativa? Las leyes penales definen y castigan el uso de personas, unas asalariadas, otras esclavizadas y otras forzadas a hacerlo (en el caso de las niñas raptadas con ese fin).
Sin embargo, seguimos en la duda: qué tipo de ética define en qué momento una persona llega a convertirse en pornógrafa.
Cuando la persona se convierte en consumidora del tradicional video donde una pareja ejecuta las poses más variadas con el fin de estimular la libido del espectador o cuando usa juguetes sexuales en la cotidianidad con su pareja, ¿está siendo pornógrafa, morbosa, vil, “dañada”?
Yo no lo creo así. Si un matrimonio decide ver una película o leer un libro como “Cincuenta sombras de Gray” (para citar una obra que hace poco se puso de moda) y disfruta y hasta reflexiona viéndola, ¿por qué calificar esa acción de pornógrafa?
Quizás la esencia de la desviación que puede llevar al vicio está en que el propio individuo o la persona (sea hombre o mujer) transgredan sus propios valores morales y desvíen su conciencia al mirar la realidad desde una perspectiva de placer prohibido o negado.´
Quizás. Sin embargo, ¿quién soy yo para juzgar a otros y concluir este texto con alguna normativa o definición de lo que yo mismo no he llegado a entender?