De viudas, limosnas, caramelos y máscaras

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De viudas, limosnas, caramelos y máscaras

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Nunca pensé que la televisión reemplazaría a la realidad, aunque cuando era chiquito pensaba que existía Disneylandia y todos sus personajes: el ratón Mickey, el pato Donald y hasta la sensual pata Daisy.

Si lo pensáramos sin apasionamientos ni nacionalismos baratos, sería fácil darnos cuenta de que el ritual del Halloween, que se cumple en Estados Unidos cada 31 de octubre, no está muy distante del popular ceremonial que se realiza en el Ecuador cada 31 de diciembre.
Y en lugar de ponernos cursis y cívicos con la supuesta competencia entre el escudo nacional (que también se recuerda hoy) y el Halloween, debiéramos preocuparnos de que no se pierdan nuestras costumbres.
Combatir el Halloween y disfrazarnos de cóndor o de Chimborazo o de río Guayas no es la solución.
El tema está en dejar que la gente que quiera hacerlo, lo haga, mucho más ahora en tiempos de globalización.
Que se ponga una máscara y un traje, finja que es un monstruo, un fantasma o un zombi y vaya tocando puertas solicitando caramelos o dulces o chocolates o galletas o chicles o pastillas de menta o cualquier golosina.
Que lo haga con la misma libertad con la que un ecuatoriano lo hace el 31 de diciembre de cada año.
Que se vista de viuda con ropas de su madre o de sus hermanas o su novia. Que al paso de los curiosos transeúntes pida “una limosnita”. Que se ponga una máscara o, mejor dicho, una careta. Que fabrique un año viejo con pantalones de su abuelo y lo rellene con viruta.
Que se sienta libre. Ese es el quid de la vida.

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@rd_bui