El silencio también es un grito o un susurro

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El legendario mimo francés Marcel Marceau, considerado el más extraordinario artista en su especialidad, solía decir que “el silencio también es un grito o un susurro”.
Marceau, ya desaparecido, expresaba en cada uno de sus gestos sus ideas, sus maneras de ver la cotidianidad y su crítica a una sociedad estridente y a un mundo cada vez más confundido.
El mimo francés tenía el maravilloso don, así como lo tuvieron Charles Chaplin o Cantinflas, de hacernos reír mostrando lo más sencillo de los seres humanos o las pobrezas espirituales más patéticas de los poderosos.
Los críticos mencionaban que al terminar una función del famoso mimo, se volvía imposible salir con el alma ilesa.
Muchas veces, un movimiento o una posición del cuerpo o un fugaz gesto de la boca, los ojos, la sonrisa, el llanto, o la mirada son suficientes para comunicar los grandes conflictos y problemas que tenemos los individuos o las sociedades.
Marceau dejó para la historia universal una lección fundamental o esencial: la palabra dicha en forma reiterada y en tonos rutinarios o vacíos de sentido, ha perdido valor y ha dejado a un lado su función de comunicar.
Por eso, muchas veces, el silencio es capaz de decirlo todo.