La ética periodística y la libertad de expresión

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Los que reclaman por la libertad de expresión suelen olvidar el otro componente de esa libertad: la ética.
Porque, como dice el colombiano Alberto Giraldo, experto en Derechos Humanos, ambas se necesitan de tal modo que no puede haber ética sin libertad ni libertad sin ética.
El prócer mexicano Benito Juárez también solía recordar que los límites de la libertad de cada ciudadano llegan hasta que otro ciudadano resulte afectado por el ejercicio que el otro hace de su propia libertad.
Eso significa que quienes exigen una sociedad en la que el poder político y los ciudadanos respeten aquel derecho deben exigirse, al mismo tiempo, un nivel ético que les permita ejercer la libertad -no solamente la de expresión, sino todo tipo de libertades- con responsabilidad.
Ahí está la clave: la libertad es un derecho, pero también es un deber.
Y así como se demanda al poder político que se aparte de la censura y el castigo cuando este poder considera que se han cometido excesos en el uso de la libertad de expresión (la del individuo) y de prensa (la de quienes difunden contenidos por medios masivos de comunicación), de la misma manera es esencial que el demandante se exija a sí mismo un manejo ético de sus opiniones, de sus comentarios, de sus expresiones, de sus críticas, de sus análisis, de sus denuncias y hasta de sus proclamas políticas, ahora que empezamos a vivir tiempos preelectorales.
Es trascendental entender esa relación inseparable entre la ética y la libertad y entre la libertad y la ética.
Los periodistas y los medios de comunicación que no comprenden esa dualidad o que ejercen su oficio sobre la base de negarse a entender que para decir libremente lo que desean expresar, tienen que hacerlo con ética.
Eso es lo difícil. Por eso solo exigen libertad de expresión pero nunca hablan de ética. Qué pobreza conceptual.