Los hombres en la cultura del maíz (I)

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Marcelo Almeida pastor La invitación a exponer una ponencia, en un ambiente universitario, motivó la elaboración de algunas ideas sobre el tema. No deja de ser una oportunidad para reflexionar sobre lo que somos como pueblos, culturas e individuos. Un pretexto para hacer ejercicio intelectivo en la búsqueda de identidades; de esta manera, tratar de encontrar diálogos con uno mismo, pero que también puedan ser compartidos con y hacia otros puntos de vista.
Una idea que haló con fuerza las primeras inquietudes, en la preparación de trabajo, fue el aserto que consta en el texto del libro Popol Vuh “…fue hallado el maíz y de esto fue hecha la carne del hombre y su sangre, cuando fue formado”. Este planteamiento conservado en la tradición oral de las antiguas historias del pueblo Quiché, induce a considerar que las culturas de todo el continente, somos culturas del maíz.
Sin el reconocimiento de nuestras raíces para saber quiénes somos, no es posible saber hacia dónde ir en el tiempo futuro. Por ello, afirmar los procesos identitarios de los pueblos y por ende de los individuos sociales, es una condición esencial para generar un sentido positivo de nosotros mismo; poder disfrutar de un cierto orgullo por ser quienes somos; por saber cuál es el valor que tenemos como herencia de los padres progenitores.
Lamentablemente los procesos históricos de dominación y colonización de los que hemos sido objeto, por centurias, han contribuido a aletargar el reconocimiento y la valorización de los ancestros. Para muchos investigadores, la despersonalización genera una grave sensación de angustia e impotencia; se crea un vacío existencial que aprisiona y enajena la capacidad de pensar, de actuar con autonomía, seguridad y convicción.
El diálogo que surge hoy es otra invitación para volver la mirada hacia el espejo.