“Morir para nacer”

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“Morir para nacer”

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“Tengo el corazón sobresaltado, presiento que otra vez vas a golpearme, intuyendo lo peor, encargué a mis hijos con mi madre. Juraste amarme y no someterme, respetarme y no insultarme, cuidarme y no agredirme. Estoy cansada de esconder los moretones, de decirles a mis hijos, que por torpe caí en la bañera, o rodé por las gradas; de maquillar interminables suturas, ojos hinchados y amoratados, curar y liar costillas rotas, heridas de cuchillo en brazos y piernas, perforaciones de mis órganos vitales. Cuando no me apaleas, me marca tu silencio, me maltrata tu traición, me avienta tu desprecio, me fulmina tu indiferencia. Perdí la batalla el mismo día que permití, que me pusieras las manos encima, jamás pensé que mi belleza exterior, fuera arma mortal en tus manos, que mi sensibilidad te transformara, que mi inteligencia te intimidara… Tengo pesadillas todo el tiempo, ésta ocasión fue terrible, soñé que moría; desde lo alto del barranco resbalo, me sobrecoge una descarga de dolores acumulados, inconsciente y ensangrentada, soy un costal roto vencido.
Tus detonaciones me atraviesan de lado a lado, más allá del bien y el mal, toco fondo y emerjo como luz inalcanzable, veo a mis amores a salvo, lejos de tu violencia, y me lleno de gozo. Aunque este extinta y sea un número más, de las estadísticas del femicidio, mi espíritu es una antorcha encendida, que alumbra el camino de otra mujeres, vejadas, maltratadas, torturadas, abandonadas, humilladas, asediadas; para que jamás se dejen vencer y de la sumisión se levanten. Que su grito glorioso rompa el aire y los estereotipos de una sociedad machista, que las muertes perpetuadas para dominar cuerpo y voluntad representen el oscuro pasado, de una historia primitiva, que debe ser enterrada. Eternamente viviré en esas heroínas que irrumpen del anonimato”. En memoria de las mujeres que murieron calcinadas en New York, de las hermanas Mirabal, de Gabriela León, de la cantante Sharon, de la activista hondureña Berta Cáceres, de las argentinas asesinas en Montañita, etc., pero sobretodo; en memoria de esas miles de víctimas sin nombre, que no llenan titulares, que no encienden las redes sociales, se arman ruedas de prensa o se convierten en asunto de estado…; a ellas, víctimas de la pobreza, la falta de educación y de oportunidades, la discriminación, la violencia más extrema como el femicidio y quedan en el silencio e impunidad.