Spotlight

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Spotlight

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ruben-darioEl periodismo que nunca morirá es el que se vuelve esencial para su público. Y ese periodismo es esencial porque revela los errores, las falencias o la corrupción de las estructuras institucionales, no solamente de uno u otro individuo de esta institución.
Cuando se ataca la estructura institucional corrupta, la consecuencia es la necesidad del cambio de ese sistema.
Esa es la principal lección que nos deja Spotlight, ganadora de Oscar a la mejor película del año.
Y nos deja otras: que lo más importante en un mundo dominado por el Internet y la información que nos llega desde los grandes centros del poder planetario, es ser locales, cercanos a la gente, os, vivir la vida de los vecinos, conocer cuáles son sus problemas, no ignorar a nadie que venga a nosotros porque su problema -aunque a nosotros nos parezca irrelevante- es muy importante para esa persona.
“Contaremos la historia, pero la contaremos bien”, dice la reportera del equipo cuando se ponen de acuerdo en publicar el tema de los 90 sacerdotes pederastas que abusaron de miles de niños en Boston.
Los conflictos personales de cada miembro del equipo de investigación periodística también entran en juego.
Y aunque The Boston Globe es el diario emblemático de una de las ciudades más conservadoras y católicas de los Estados Unidos, y pese a que los cuatro miembros del equipo tienen esa formación religiosa, lo que les mueve a publicar la serie es el dolor de las víctimas y la necesidad de difundir los hechos para que nunca más vuelvan a pasar.
“Estar del lado correcto” es su consigna. Es decir, ponerse del lado de quienes sufren el daño de los curas “psicosexuales bloqueados”.
Spotlight nos enseña que los periodistas jamás tenemos que hacer acuerdos con el poder.
Nos muestra que el periodismo ético hace su tarea solo, que debe ser autocrítico y que si nuestro esfuerzo muchas veces es como andar tropezando en la oscuridad, la persistencia y el seguimiento hará que llegue la luz.