Agua, rito y desenfreno

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Agua, rito y desenfreno

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myriam valdiviesoUn origen mítico y simbólico tiene el carnaval, desde el hecho de representar una fiesta de transgresión y desenfreno, recuperada de la Italia medieval, donde “el abandono de la carne” como lo definió la propia iglesia católica sacando el término de la etimología del latín vulgar carne-levare, llevó a entender que el carnaval es una festividad del exceso donde se puede comer carne, contrario a lo que vendrá a posterior en la época de Cuaresma.

Se cuenta que los jesuitas en el siglo XXVII, en todas las zonas en donde estaban sus misiones, prohibían a los feligreses el juego del carnaval y particularmente en Quito, en la iglesia de la Compañía se exponía durante los tres días al Santísimo Sacramento para evitar lo que ellos llamaban “un juego propio del demonio”, pues en esta festividad de transgresión ritual, el mendigo se convertía en amo y el pecador en santo. Tal vez el lanzarse agua era una búsqueda purificadora ancestral que motivaba desde tiempos antiguos a las personas a limpiarse de las impurezas del cuerpo y del alma, y por ello era frecuente también en el mundo andino los baños en cascadas y ríos; pero más allá de este entorno, el carnaval ha estado en la historia como la fiesta de la fertilización de la tierra y la fecundidad de las mujeres. Particularmente en el mundo andino el Pawcar Raymi sincretiza el carnaval andino acompañado de agua y flores para significar la época del florecimiento y el tiempo para comer el grano nuevo que nos ofrece la tierra. En una sociedad de clases tan marcada desde la Colonia no era común la irreverencia hacia las clases sociales altas, pero en el Carnaval todo era posible, pues la mascarada ocultaba también las intenciones. En los días de la festividad las clases sociales se echaban abajo, y el pintar la cara y cubrir de harina con huevo al otro era el mayor acto de transgresión, pues bajo ese ropaje bochornoso todos somos iguales y las diferencias sociales desaparecen. El ritual con agua ha estado presente en todas las civilizaciones, quizás porque es un juego de fuerza en la dualidad de la convivencia, al punto de someter al otro por acción del agua, para luego premiarle con la fiesta y la comida. Como queda dicho “A la voz del carnaval todo el mundo se levanta”…

Myriam Valdivieso Cox
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