La bicicleta de Octavio Paredes

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La bicicleta de Octavio Paredes

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juan rualesA finales de los 60s, Octavio Paredes era el cartero de Otavalo. Con su portafolio en bandolera, recorría las calles de Otavalo, raudo y seguro, entregando nostálgicas cartas de papel, únicos medios con los que el mundo se conectaba con nosotros en lapsos de nostalgia interminable, de manera que cada carta era un acontecimiento para quienes ya teníamos la costumbre de escribir con frecuencia a prematuros amigos diseminados por el mundo.

 

En esos mismos años, un grupo de amigos conminamos a nuestro compañero Marco Chicaiza a reabrir Radio “Otavalo”, cerrada ya varios años, aunque los equipos y la frecuencia aun los tenía su madre. Yo me comprometí a ayudarle a Marco creando varios programas radiales; uno de ellos en vivo, el “Chasqui Atabaliba” que tuvo un rating de sintonía que no se ha vuelto a repetir. Aprovechando de que fui el dueño de la idea, realicé una campaña masiva en procura de recaudar fondos para proveerle de una bicicleta al insigne cartero de la ciudad…El pueblo otavaleño respondió a la altura, no solo alcanzó para la bicicleta, sino para dotarle un más grande y mejor portafolio de cuero, en gratitud a la amabilidad con que Octavio nos entregaba las cartas a los otavaleños.
Desde entonces y a pesar de la diferencia de edad, surgió una linda relación de mutua gratitud con Octavio, la misma que durará para siempre y de la que me siento honrado, pues ese cartero y futbolista insigne, fue uno de los otavaleños más importantes de nuestra ciudad, importante por su humildad, por su espíritu de servicio, por su amor incondicional a ese Otavalo al que sirvió donde se le pedía, sin jamás pedir ninguna recompensa. Él fue y es uno de los más elevados ejemplos de genuina otavaleñidad. Pocos como él para estar en cuanto evento social, deportivo o cultural buscando en que qué ser útil, siempre sirviendo a los demás, jamás sirviéndose de los otros. Octavio Paredes es sin duda un paradigma de civismo y de ciudadanía, de buena vecindad y de sana camaradería; ejemplo de lo que debe ser el amor desprendido a Otavalo. Apelo a la sensatez de las instituciones para perennizar su nombre en algún rincón de su Otavalo querido, a que las nuevas generaciones sepan cómo debe ser un caballero, un ciudadano, un patriota, un auténtico otavaleño de corazón. Ahora Octavio viaja en su bicicleta a entregar las cartas que yo les escribí anoche a quienes se fueron a vivir en las calles invisibles de la eternidad.

Juan F. Ruales
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