Por favor, paren esos juegos

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Por favor, paren esos juegos

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jacinto salasO, al menos, nórmenlos, regúlenlos. Porque convertida en un pueblo grande, que no es lo mismo que un gran pueblo, no pasa una semana en la que barrios, comunas o priostes aturdan a Ibarra con los más ensordecedores juegos pirotécnicos,  - mientras más ruidosos, mejor -, con el pretexto de festejar al Niño Dios o al santo más popular.


Tal vez sea difícil y hasta improbable prohibirlos, pero sí es posible reglamentar su utilización y evitar el abuso de quienes los emplean sin considerar al resto de ciudadanos.  Estos, con frecuencia, se ven afectados por el estallido de petardos, camaretas,  voladores, silbadores y toda la multiplicidad de esos o similares artefactos.
El “buen vivir” del que ahora tanto se habla, sí debe tomar en cuenta la contaminación auditiva. Resulta irónico que mientras algunos levantan su voz porque cerca a su casa se haya ubicado un taller, un karaoke o una discoteca, haya  tolerancia por esos estallidos que se escuchan manzanas a la redonda, irrespetando las condiciones propias de los ciudadanos.
Hay juegos pirotécnicos de alta creatividad cuyo uso en las festividades, al contrario, debería ser motivado: los castillos, porque más juegan con la luz y el movimiento que con el ruido. Es la mejor alternativa en las fiestas populares.
Los estallidos de petardos, voladores, camaretas… generan, frecuentemente, trastornos en los hogares, cuando en ellos hay personas enfermas, infantes de corta edad y, sobre todo, mascotas. Qué de dramas, accidentes y hasta muerte de esos animales de compañía se producen  por el estallido de los juegos pirotécnicos.
Todo lo que antecede plantea la necesidad de regularlos, normarlos, tanto en la potencia de los artefactos, tomando en consideración los decibeles tolerables para el oído, como en el tiempo de utilización. No es aceptable que algunos fiesteros, con cualquier pretexto, prolonguen por horas esa forma de festejo que, en las condiciones actuales, constituyen un despropósito, una molestia, en ocasiones intolerable, antes que una  verdadera celebración.

Jacinto Salas Morales
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