Derecha e izquierda, cuestión de convencionalismos

Ratio:  / 0
MaloBueno 

ramiro-velaAl margen de la connotación política, los conceptos de derecha e izquierda constituyen la huella de nuestra lateralidad, es decir, de nuestra estructura física. Entre las muchas teorías que intentan explicar nuestra predilección por una u otra mano. Carl Sagan en su libro Los dragones del Edén nos deja atolondrados porque se relaciona con la carencia de “papel higiénico en las sociedades preindustriales. Durante parte de nuestra historia pasada, y también hoy en muchas partes del mundo, después de excretar se usa la mano izquierda para la higiene personal”.
De modo que, para civilizarnos, optamos por actuar públicamente con la mano derecha, reservando la izquierda o siniestra (que así se dice en latín) para nuestra intimidad. Y así fue cómo la izquierda se convirtió, a través de los siglos, en lo que había que ocultar, pues era bajo y vergonzoso, y la derecha representó lo probo, honrado, justo y luminoso. Tanta preeminencia alcanzó, el favoritismo por la mano incontaminada, que incluso para nombrar a quien utiliza ambas manos decimos ambidextro, o sea, “aquel que emplea las dos manos como si fuesen derechas”.
Desde la Biblia, que hace de la derecha el lado de los elegidos, y del andrógino Adán, un ser que cedió la costilla del sector izquierdo a la mujer, hasta los africanos, para quienes la izquierda simboliza el desorden, la incertidumbre y las alteraciones de conciencia mientras que la derecha encarna el trabajo y la fidelidad, pasando por muchas culturas y latitudes y llegando a nuestra época, hemos sido víctimas de una convención que parece disolverse no bien recurrimos al más sencillo análisis neurológico para ver cómo el hemisferio cerebral izquierdo rige la mano derecha en tanto que, recíprocamente, el derecho gobierna la mano izquierda. Por dentro, un espejo invierte cuidadosamente nuestras pretensiones.