“Lo que se siembra, se cosecha”

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Tus labios no lo dicen, pero sé lo que piensas, tus ojos del color del naciente olivo, que otrora fueron vivaces, tiernos y alegres, delatan tu tristeza y melancolía, me expresan que quieres liberarte de esa incompleta armadura y volar libre como bandada de golondrinas o colibríes, cabalgar en el azabache de paso fino; recorrer los pastizales cuajados de vacas lecheras; divisar desde las alturas, las sábanas verdes y amarillas sembradas de arvejas, frejol, papas y maíz, transportarte a la cacería de venados donde conociste a la bella, fuerte y espigada de mi madre; sé que en estos instantes, deseas regalarle toda la vitalidad y energía del tiempo de oro en el que construyeron juntos la familia en perfecta comunicación; te niegas a aceptar que esa viejecita, al otro lado de la cama, como tú, también está enferma, pero que por amor hacia ti, interrumpe el paso de la máquina de oxígeno y apoyada del bastón se levanta a administrar tus medicinas y arroparte mientras te susurra: “mañana todo estará mejor”. Desesperadamente buscas armonizar tus movimientos rehusando entregarte a la cicatera muerte, -que aguarda en el corredor contiguo-, sin dejar de dar batalla; efímera y cruel condición que me destroza el alma y me ata de impotencia. No hace falta que busques las palabras que no encuentras, está punzantemente claro, aquí estoy de pie, como el roble que fuiste, para tomar tu mano, deposita en mi hombro tu pesar, descansa en mi regazo padre amado, como lo hice cientos de veces.
A quien lea esta misiva, quiero decirles, que si todavía tienen padres en la tierra, abuelos o personas que les cuidaron, jamás piensen que son un estorbo, una intromisión en sus apretadas agendas o una vergüenza ante sus amistades, nunca olviden que ellos les amaron primero y les enseñaron a amar, ahora corresponde amarlos con sus necedades, cansancio, torpeza, quejas, imprudencias y olvidos, pero también sabiduría y experiencia. “Lo que se siembra, se cosecha”, reza un adagio popular, con los años seremos nosotros los que necesitaremos de alguien más, que nos ayude a sobrellevar esta última etapa de vida con dignidad, muchas veces aciaga.