La ciudad y sus demonios (1)

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La ciudad y sus demonios (1)

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jacinto salasEventualmente, con esta o una frase similar se pretende explicar por qué personas, y por extensión entidades y corporaciones, encuentran obstáculos, en ocasiones insalvables, para concretar proyectos, vencer trabas, alcanzar metas.

Se habla entonces de “demonios”, en otras palabras de limitaciones, dificultades virtuales o físicas, que responden a actitudes humanas e impiden la consecución de objetivos comunes. Los “demonios”, entonces, desde esa perspectiva de las actitudes, pueden surgir en entes mucho más amplios. Por tanto, no anda descaminado quien sostiene que las ciudades también pueden soportar la presencia de posiciones que impiden el desarrollo de una comunidad.

Uno de esos “demonios”, al que muchas veces no se le presta atención alguna y se lo mira con indiferencia es la carencia, la falta de identidad. Esta no se encuentra en los títulos de origen, en una partida de nacimiento que nos hace partícipes de una sociedad, sino en el compartir, en el sentirse “identificados”, en otras palabras en ser y constituir parte de una sociedad, de sus aspiraciones y anhelos.
En el caso de Ibarra, como de otras ciudades que han crecido y extendido gracias a corrientes migratorias, la carencia de identidad tiene bemoles diversos. La ciudad se ha convertido en una colectividad disgregada, carente de afectos y compromisos profundos, de involucramientos capaces de movilizar al colectivo para el logro de propósitos y metas definidas.
De allí surge esa actitud pasiva que supone que ese papel corresponde solo y exclusivamente a las autoridades. Se pretende escamotear el hecho de que es la ciudad como tal, los ciudadanos que se sienten parte de la comunidad, de un colectivo dinámico, quienes deben impulsar, en un sentido único, la búsqueda y consecución de los grandes propósitos definidos o, quién sabe, hasta soñados. Una ciudad en la que no se cuida su patrimonio, se destruyen sus monumentos, se manchan impunemente sus paredes, se atenta contra los servicios de todos y nadie reclama, tolera a un “demonio”, la falta de identidad, de compromiso consigo misma, que impide o, al menos, limita su progreso.

Jacinto Salas Morales
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