El miedo en una organización

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El miedo en una organización

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paolo-munozAquí consideramos el miedo que puede experimentar un empleado normal ; no una persona cobarde o inestable.

En toda situación de miedo o de conciencia de peligro se oscurece la razón. Se ve alterada la inteligencia y se agrandan los obstáculos y los riesgos. La voluntad no delibera con serenidad y equilibrio ; el compromiso personal mengua ; uno se bloquea y tiende a no actuar.
Esta situación casi imperceptible, empuja a colaboradores a reducir la creatividad, la innovación, la calidad, la productividad y la satisfacción por el trabajo bien hecho. Corta la comunicación, reduce la capacidad de trabajar en equipo y minimiza la cooperación. Fomenta la autodesconfianza y se vuelven frecuentes las justificaciones. Se origina desinterés por los objetivos. El miedo en la empresa es un motivador destructivo que fomenta las ganas de reclamar a los jefes la forma de llevar la organización. Para empeorar las cosas, el miedo modifica y falsea los datos que se utiliza para tomar decisiones. Está técnicamente comprobado que en un ambiente de miedo los costos ocultos se disparan; en un ambiente de miedo se engendra mucho más fácilmente la mentira, la manipulación y la picardía de la peor especie. Son innumerables los ejemplos de falseamientos de todo tipo para evitar responsabilidades. Por eso, antes de horizontalizar la organización, de intentar potenciar la atención al Cliente, de hacer un rediseño de procesos, o de implantar un sistema de Calidad Total, se debe proceder a suprimir el ambiente de miedo.
Muchos piensan que a través del miedo se mantiene a la gente a “raya”. Falso. El miedo no reafirma la autoridad sino el autoritarismo y la incompetencia; el autoritario cree que los demás son débiles y que van a obrar mal. Por definición un individuo competente no genera miedo sino confianza, que es lo que de verdad refuerza su autoridad y liderazgo.
Quizá muchos directivos no busquen el miedo conscientemente, pero lo generan por su forma de actuar y hasta por su gestualidad.

Paolo Muñoz