223 años

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jacinto salas5 de enero, 223 años de un hecho único en la historia del país: el aparecimiento, en la oscura y tormentosa noche colonial, del primer periódico: “Primicias de la Cultura de Quito”. Su fundador, redactor, Eugenio de Santa Cruz y Espejo.

Escribir y publicar un periódico en 1792 significaba un reto, pero también un riesgo. Representaba enfrentar al poder político y al poder eclesiástico que impedían cualquier publicación si, previamente, no había pasado por la censura. Sobre todo, identificaba a quienes, como Espejo y los miembros de la Sociedad Patriótica de Amigos del País, buscaban un cambio fundamental en las relaciones de poder para cambiar la dramática situación económica, cultural, social, comercial, que vivía entonces Quito. Espejo lo diría: “… vivimos en la más grosera ignorancia y en la miseria más deplorable”.
Allí es donde el Precursor encontró la justificación para publicar un periódico. Porque un periódico tiene la capacidad de divulgar las ideas, de extenderlas.
El periodismo es por esencia libertario. Cree en la libertad de pensamiento, en la libertad de expresión, en la capacidad de todo individuo de razonar, disentir, discrepar, como manifestaciones intrínsecas del ser humano. Por eso el poder lo teme. Por eso condenó a Espejo a la cárcel, para silenciar su palabra.
Hoy, como en 1792, la prensa vive una etapa de acoso. Como en tiempos del Precursor se busca su silencio. No hay cárcel, pero hay procesos judiciales. En apariencia no hay censura, pero prolifera la autocensura. No hay censores, pero sí organismos que cumplen similar papel, amparados, supuestamente, por la ley.
Periodistas y comunicadores buscan adaptarse a un statu quo, que permita vivir su profesión en los límites estrechos que les deja una ley hecha para impedir el disenso, para imposibilitar el desarrollo de una sociedad crítica, deliberante, todo lo contrario a lo propuesto por Espejo en Primicias de la Cultura de Quito.
Convertida en servicio público, la comunicación ha dejado de ser un derecho, para convertirse en dádiva de un poder autocrático que mezquina la libertad, que exige uniformidad, sumisión y obediencia. Y hay quienes lo defienden.

Jacinto Salas Morales
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