Conversatorio relativamente exitoso (I)

Ratio:  / 0
MaloBueno 

Antecedentes históricos: Hace más de una década, casi todos los países del mundo se reunían en Río de Janeiro en lo que fue la mayor cumbre ecológica de la Tierra y un atisbo de esperanza para salvar nuestro maltrecho planeta.
Allí se adquirieron una serie de compromisos que cristalizarían más tarde en documentos concretos. Así, los dirigentes políticos ratificaron el Convenio sobre Cambio Climático, que obliga a las naciones industrializadas a mantener sus emisiones de gases para el año 2000 en los mismos niveles de 1990; el Convenio sobre Biodiversidad del planeta y propugna el uso sostenible de sus recursos (lo cual implica sustanciosas inversiones de los países del Norte en los del Sur) y el Convenio de Lucha contra la Desertización, que fomenta la cooperación entre los estados afectados.
Hoy, un lustro después, todo sigue igual… o peor. Las emisiones de dióxido de carbono (CO2) han ido en aumento –hasta el punto de que los expertos pronostican una preocupante subida de las temperaturas en los próximos años-, las especies existentes en nuestro planeta continúan desapareciendo a un ritmo vertiginoso y la desertización va ganando cada vez más terreno.
En Nueva York se celebraba una nueva asamblea extraordinaria de la ONU a la que se llamó la II Cumbre de la Tierra. Se trataba de “repasar los deberes” de los últimos años y, según todos los resultados, parece que hemos sido muy malos estudiantes.
En palabras de Clifton Curtis, de Greenpeace International, “ha sido un completo fracaso y refleja una total abdicación de responsabilidades”.
Así, la cumbre de Nueva York, a la que han asistido representantes de 170 naciones, se ha quedado en una mera declaración de intenciones. La única propuesta interesante de la misma –que vino de la mano del canciller alemán Helmut Kohl- no ha tenido gran aceptación.