El periodista como un suscitador político

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Una de las grandes confusiones de los periodistas ecuatorianos a partir de la batalla mediática planteada por el presidente Rafael Correa es creer que su papel es defender las ideas, las directrices, y sobre todo, los intereses económicos de sus patrones o dueños de la gran prensa.
Lo que al parecer no entienden es la diferencia entre ser un actor político y un suscitador político.
El actor político ejerce o intenta ejercer el poder fáctico para incidir, influir o presionar al poder político.
El suscitador político, por el contrario, desde su ética profesional y sus creencias ideológicas no defiende ningún interés ajeno a la sociedad sino que busca ser una herramienta social capaz de generar reflexiones, debates, deliberaciones, análisis y críticas de todos aquellos sectores ciudadanos que tienen algo que decir o que quieren expresar públicamente sus puntos de vista.
El suscitador político no teme mostrarse como un ciudadano de a pie porque siente, piensa, sufre, tiene esperanzas y cree o no cree en una ideología y en una forma de administrar el Estado y, en consecuencia, es un ser humano con sus propias posiciones, criterios y conceptos.
La confusión entre actor político (el que vela por sus propios intereses) y el suscitador político (que buscar servir a la sociedad) se origina en un mito cuya invalidez y falseada ya está demostradas: el periodista suscitador tiene posición política, pero no debe olvidar que su actitud frente al público tiene que ser, siempre, equilibrada, honesta, contrastada y, estrictamente, apegada a lo que ocurre. No a lo que él o su patrón quisieran que ocurriese.