Intentos de desaguar la laguna de Yahuarcocha

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Después de la invasión y corto dominio inkaico en la sierra norte del Ecuador, se asentaron en esta zona los primeros españoles, quienes, según sus costumbres, consideraron inapropiado para la civilización vivir junto a ciénegas y terrenos pantanosos, por lo que emprendieron en desaguar las lagunas. Hay registros de que en el siglo XVI iniciaron el proceso de desecación de las lagunas de Iñaquito, que servían de reserva de caza para el Inka Huayna Capac y lo transformaron en ejido y pastos (Jiménez de la Espada 1965).
También desecaron la laguna de Pimampiro. En 1584, los Padres Agustinos intentaron desaguar la laguna de Yahuarcocha para sembrar árboles de Castilla (Garcés 1941). Afortunadamente, este proyecto no llegó a concretarse. (Según la tradición oral, la población aborigen que habitaba en la cuenca de la laguna hizo correr la voz de que el verdadero propósito de los agustinos era extraer los tesoros que existían en el fondo de la laguna).
Los Padres Agustinos continuaron insistiendo en su afán por desaguar la laguna de Yahuarcocha. Según un documento de 1604, Tobar Subía escribió que los Padres Agustinos con aprobación del Cabildo de Quito y del Presidente de la Real Audiencia de Quito y así mismo del señor Virrey del Perú, en nombre de su Majestad, desaguaron una parte de la laguna y pusieron mojones haciendo montones de tierra y de piedras y plantando algunos árboles de lechero. Antes de los agustinos, los terrenos de Yahuarcocha pertenecieron a los Jesuitas, quienes en 1592 vendieron a los agustinos. Según Piedad y Alfredo Costales (2003), la población indígena asentada al pie del Aloburo, luego llamado aldea del Priorato, dio origen al primer convento rural de los agustinos, quienes construyeron una modesta iglesia de paredones y techo de paja. La propiedad de los agustinos en Yahuarcocha-Tababuela era de 5.983 hectáreas.