La dignidad y la ética de los periodistas argentinos

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Luego del sorpresivo triunfo del candidato neoliberal Mauricio Macri en las elecciones presidenciales argentinas, hubo un poder fáctico que se sintió tan o más ganador que Macri: los medios de información.
Una serie de leyes y normativas que se expidieron durante los gobiernos de la familia Kirchner, en una continuidad de 12 años, bajaron del altar a la prensa privada, en especial a los grupos Clarín (el diario más influyente del país, con radiodifusoras, canales de televisión y páginas web) y La Nación.
Y aunque el conflicto entre Gobierno y medios se mantuvo durante todos estos años con procesos legales que pusieron a temblar a legisladores y jueces por las presiones del oficialismo y del poder económico-mediático, el kirchnerismo logró que ocurriera algo parecido a lo que está pasando en Ecuador: que miles (ojalá pudiéramos decir millones) de ciudadanos tomaran conciencia y aprendieran a leer críticamente a la prensa.
En ese conflictivo entorno se mantiene un enconado debate sobre el oculto rol de los medios en la sociedad: millonarios negocios que defienden a otros millonarios negocios y que, por tanto, imponen líneas editoriales para mantener el modelo neoliberal que empobrece a muchos y enriquece a pocos.
Por eso, lo que sucedió el pasado lunes en la redacción del centenario periódico La Nación fue ejemplar: no habían pasado ni 24 horas del triunfo de Macri y el periódico apareció con un editorial que pedía “dejar atrás la venganza por los crímenes de la última dictadura (1976-1983)”.
Los cientos de periodistas de La Nación se indignaron, suscribieron una carta en la que expresaron que ese editorial no los representaba y la subieron a las redes sociales con una fotografía en la que aparecieron todos portando carteles que decían: “Yo repudio el editorial”.
Eso es dignidad y ética periodística: impedir que la prensa promueva el olvido de la desaparición y muerte de 30000 militantes de izquierda y el secuestro y robo de unos 500 niños.