A mí no me vengan con el cuento de ‘Yo soy París’

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Por Rubén Darío Buitrón

@rd_bui

 

Ayer, en Líbano, un atentado dejó 43 muertos y 239 heridos. No hubo alertas en los grandes medios de información del mundo. No se calificó el hecho como “noticia en desarrollo”. No hubo enviados especiales.
En esta misma semana, el Ejército Islámico (ISIS) fusiló a 200 niños que trataban de huir del sanguinario grupo terrorista armado, entrenado y financiado por el gobierno de Estados Unidos y los países de Europa agrupados en la OTAN.
Tampoco fue noticia de primera página. La prensa hizo que la vil matanza pasara desapercibida. Nadie lo supo.
Hace meses, el presidente francés Hollandé ordenó a sus pilotos de combate bombardear Siria para fortalecer las posiciones de ISIS y derrocar al gobierno democrático de ese país, apoyado por Rusia.
A partir de los ataques de sofisticados aviones de la OTAN, millones de civiles decidieron abandonar Siria para no morir masacrados por los mortíferos misiles aire-tierra direccionados a control remoto desde el Pentágono.
Esos millones de civiles (foráneos pobres, semianalfabetos recién llegados, extranjeros indigentes) llegaron a la misma Europa serena, armoniosa y futurista que días atrás los había bombardeado y dejado sin hogar, sin alimentos, sin educación, sin perspectivas de vida.
La gran prensa mundial y la gran prensa nacional no explican las relaciones que existen entre uno y otro caso. Cuando ocurre un ataque en la capital de Francia, los periodistas cambian de avatar en Twitter y ponen “Yo soy París”, pero fingen (o, peor, no entienden) que lo uno se relaciona con lo otro.
Los medios están conmovidos por la crueldad estratégica que los terroristas de ISIS tienen para estremecer al mundo “occidental”. Pero informan con sesgo, sin contextualizar.
Miran a sus atacantes a la distancia y con miedo, como si aquellos fueran demonios. Pero no. Los demonios están más cerca de lo que creen: son sus propios gobernantes.