El falso moralista

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El falso moralista

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Existía un hombre muy moralista que se consideraba a sí mismo como muy ético y muy santo, razón por la cual constantemente juzgaba y encontraba innumerables defectos en sus prójimos. Un día se encontraba al filo de un río y, de repente, vio a un hombre sentado en la orilla de enfrente acompañado de una bella mujer y una botella de vino; enseguida pensó - Si al menos pudiera salvar a ese hombre de esa vida tan pecaminosa que lleva, me sentiría agradecido a Dios, pero sobre todo a mí mismo, por ver cómo logro transformar a una oveja descarriada con mi devoción - De pronto frente a sus propias narices se viró un bote que llevaba a siete personas y estas empezaron a ahogarse; el hombre que estaba acompañado con la mujer y la botella de vino, no dudó ni por un segundo y se lanzó al agua y salvó a seis de ellas, en tanto gritaba en dirección a oídos del moralista ¡Por favor ayúdame, para salvar a la otra persona restante, porque mis fuerzas y brazos ya no son suficientes!
El moralista empezó a dudar y por culpa de su indecisión la otra persona se ahogó.
Entonces, el hombre del vino y la mujer, se le acercó y le preguntó ¿Por qué no me ayudaste, con tu ayuda habríamos salvado a la otra persona? A lo que el moralista argumentó: - Yo no puedo entender como una persona de moral tan baja y actitudes tan pecaminosas puede ayudar a los otros y menos aún, puedo entender como Dios se lo permite. De pronto el otro hombre le explicó que la botella de vino en realidad lo que contenía es agua y que la bella mujer que lo acompañaba era su hermana. Rendido de vergüenza el moralista se sintió acongojado y como presa del pánico solicitó al otro hombre: ¡Por favor, sálvame de mi propio orgullo! A lo que este respondió - Solo oraré a Dios para que así sea -
Cada persona juzga desde su propia experiencia. Quienes llevan veneno en su corazón, juzgan con veneno a los demás. De tanto analizar frutos podridos uno puede extraviarse del sendero de los frutos sanos. No todo lo que se ve es
Omar Khayyam decía: < No te olvides de recoger todos los frutos de la vida. Ve a los festines y escoge los cálices más grandes. Dios no lleva la cuenta de nuestros vicios y virtudes >.