Saberes andinos para una relación armoniosa (V)

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(CONTINUACIÓN...) Para el andino, la convivencia ser humano-naturaleza es distinta a la practicada por el ser humano occidental.
El andino no se considera dueño, ni “rey de la creación”, sino más bien hermano de los otros seres, porque comparten la misma vida universal proviniendo de la misma Madre Tierra.
Para criar la vida en la chacra se necesita de mucha sensibilidad, dialogar con la naturaleza, sincronizarse con su medio natural; por las señas que le da la misma naturaleza, el andino puede prever los cambios de clima y determinar los momentos oportunos para las diversas actividades agrícolas.
Juntamente con el trabajo y la producción iban la predicción y la previsión. La observación de los elementos celestes y de los terrestres daba pistas para inferir los momentos oportunos para sembrar o cosechar o para tomar precauciones.
Se sembraban plantas resistentes a las heladas, a la sequía, a los ventarrones, a las plagas; una misma variedad de planta se cultivaba en diversos pisos climáticos, de tal manera, que siempre había algo que cosechar, pase lo que pase.
Lo anterior fue posible gracias a un gobierno exigente que administraba y distribuía los bienes necesarios y a un sentido de obediencia, reciprocidad y solidaridad de la población.
Los caciques, a más de exhibir un tremendo poder simbólico, poder económico, facilidad de convocatoria y de mando, eran también grandes estrategas para incentivar la producción, la consecución de productos de otras ecologías, el manejo de la mano de obra.
A esto hay que añadir una dosis de conocimiento y habilidad para manejar o controlar los caprichos de la naturaleza con sus períodos de sequías o de inundaciones, heladas y “lanchas”.