Tomémonos una selfie

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Tomémonos una selfie

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En julio, cuando llegó el Papa, los periodistas y otras personas del público le pidieron tomarse una “ selfie“, la auto foto que esta de moda, y él siempre con su buena disposición se ponía al lado y sonreía.
Ahora este procedimiento se lo ve en todos lados, especialmente en los sitios turísticos.
Una muchacha se acicala, pasa su lápiz labial por la boca, el cepillo por el pelo, alarga ese artilugio que se han inventado para sostener la cámara o el celular, sonríe para sí misma coquetamente y se toma la foto. ¿ Pero qué es lo que hace falta en este proceso ?
Hace muchos años, cuando todavía estaban en pie las famosas Torres Gemelas de Nueva York, cuya caída a mano de un grupo de terroristas transformó el todavía virgen siglo veintiuno., estaba yo parado frente a una especie de portal que había delante de ellas, y al primer cristiano que se acercó le dije “Please take me a photo “, me contestó el susodicho en un perfecto español medio cantado.
“Ah, usted quiere que le tome una foto“, cogió la cámara de mis manos y me captó delante de ese trágicamente desaparecido monumento neoyorquino. Era un mexicano, a quien agradecí y conversamos un rato, hice una amistad al paso.
Entonces, después de este ejemplo, ya habrán captado mis lectores, lo que falta en las selfies, es la posibilidad de hacer una amigo al pedirle que nos tome una foto, es decir hemos perdido la oportunidad de socializar por lo menos por un momento con algún extraño (a) que se acerque y a mas de aceptar nuestro pedido, vaya después a su casa y diga “ hoy conocí a una persona que paseaba por nuestra ciudad y me pidió que le tome una foto “, es algo muy diferente de alargar la mano y disparar el percutor de la cámara, en solitario.