409 años

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409 años

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Jacinto Salas Morales
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Ibarra, ciudad, festeja hoy 409 de historia. Recuerda ese 28 de septiembre de 1606 cuando en presencia de numerosos españoles que habían establecido sus estancias en el valle de Carangue, de frailes agustinos y dominicos, del escribano del Corregimiento, Pedro Carvallo, del Corregidor de Otavalo, Diego López de Zúñiga, el Juez Poblador, Cristóbal de Troya y Pinque, fundó la “Villa de Españoles”, por mandato del Presidente de la Audiencia, Don Miguel de Ibarra.
Ese día marcó el destino y la trayectoria de una ciudad que nació con objetivos y metas precisos: ser el punto de partida del camino más corto que enlace el centro de la Audiencia con el mar del sur, y servir en el plano administrativo a las numerosas familias españolas que se habían asentado en el valle.
Leales a los objetivos de la fundación, los ibarreños lucharon incansablemente por cumplir el mandato. Lo hicieron a pesar de una oposición cerrada que utilizó toda estrategia para impedir la culminación de esa obra que hubiera consolidado el desarrollo social, económico de la región.
Propósito histórico, la construcción del camino al mar pasó a ser visión y misión, con la enorme potencialidad de adherir a los ibarreños alrededor de un proyecto unificador que se convirtió en el estímulo vital que animó el crecimiento de la villa.
La Ibarra de hoy, la de los 409 años, que oscila entre el desencanto y el desaliento, que le mantienen en un “stand by” paralizador, requiere, urgentemente, encontrar una renovada propuesta que le obligue a romper los muros ficticios que le atan. La responsabilidad no está solamente en las autoridades. Requiere el compromiso total de los ciudadanos, conscientes de la necesidad de trabajar unidos por “su” ciudad. No es hora de lamentar ni la crisis de identidad, ni la falta de propuestas que proyecten el futuro. Es el momento de exigir la construcción de una urbe, que requiere fe en sus potencialidades, confianza en su capacidad, que responda a los grandes intereses ciudadanos que demandan alternativas de trabajo digno, seguro, servicios de calidad, eficientes, modernos.
El reto está en pie, de los ibarreños depende aceptarlo.