Aunque mate, aunque pegue

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Aunque mate, aunque pegue

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MaloBueno 

Myriam Valdivieso Cox

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La indignación de hombres y mujeres con pensamiento libre  de dogmatismos políticos y  violencia discursiva se manifestó de inmediato por diversos medios, al conocer el ataque del que fue objeto la asambleísta  de Pachacutek, Lourdes Tibán;  hecho por demás cobarde, que no alcanzó a  rozar el filo de la falta de una mujer formada en la defensa de los derechos de los pueblos indígenas y   firme en la defensa de sus convicciones. Lourdes Tiban ha actuado durante su participación púbica  con valentía, al  confrontar el poder y  sus sabuesos, así como  ha desenmascarado  la corrupción que ronda en cada esquina de la fragmentada revolución ciudadana, Con altivez ha dicho al país que esta golpiza fue encargada  desde el gobierno y que ninguno de los  ataques, pues ya son tres, le van a doblegar.  Recordemos que ella  ha presentado en el seno de la Asamblea graves denuncias sobre casos de corrupción,  así como  la evidencia  de que  existe  en el país de un plan de persecución y vigilancia a ciudadanos por parte de la Secretaría de inteligencia   y la empresa Hacking Team;  diría yo que  resulta un símil a la  estructura de control  detallada  por George Orwell  en su libro "1984", donde el Gran Hermano y sus inoperantes ministerios de la verdad, de la paz, del amor y de la abundancia nos hacen recordar inmediatamente al gobierno actual  y  a la  absurda  creación  de un ministerio de la felicidad en el Ecuador. Lo grave de este tipo de procedimientos  que en nada contribuyen a formar en democracia a la sociedad ecuatoriana, es el hecho que desde el poder se ejerce y cultiva una cultura de violencia, manifiesta ya no únicamente en  el discurso presidencial, del que hemos llegado a hartarnos por la violencia sistémica, sino a través de acciones concretas que atentan contra la integridad de las personas. Además de la señora Tibán,  el también asambleísta Andrés Páez  y otros ciudadanos de la oposición al gobierno de Correa incluidos periodistas,  han denunciado intercepción telefónica, vigilancia en vehículos sin placas y con vidrios ahumados, regalos que se envían con mensajes  de ultimátum,  amenazas de muerte, seguimiento de motorizados encapuchados, etc., todo ello orientado a silenciar al que piensa y argumenta distinto.