¿A quién le duele?

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¿A quién le duele?

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jacinto salasNo a muchos. Y es por eso que la ciudad está como está.
Dejen los autos y caminen por la Bolívar,- arteria principal de Ibarra -, desde la Pérez Guerrero hasta la Pedro Moncayo. Paredes cubiertas de afiches que anuncian los más diversos espectáculos, grafitis que no son grafitis, sino enormes manchones de pintura, postes llenos de anuncios en fotocopias, del curandero y brujo, los cursos de preparación para universidades, ofertas de empleo para “gente de toda edad…”…etc.


Sigan el recorrido y aunque falta uno que otro adoquín en las aceras, no es nada como cuando caminan desde la Grijalva hasta Santo Domingo. Van seis años en que a nadie le interesó culminar la restauración vial de ese tramo de la calle más importante de Ibarra.
Abandonen la Bolívar y lleguen a la Martín Zumeta cerca al redondel de Ajaví y verán cómo a los vecinos poco importó que se caigan los postes, se pierdan las jardineras, manchen de aceite el adoquín ornamental y se olviden de pintar las casas de ese pasaje “turístico”.
Caminen por los parques y contabilicen las luminarias que no encienden en el parque de La Merced o Víctor Manuel Peñaherrera, y pregunten cuántos meses que no funcionan las piletas de esa restaurada plaza.
Si van al parque Pedro Moncayo admírense del irrespeto al monumento del prohombre de Ibarra, o al pretil del Palacio Episcopal. Caminen por la calle Velasco, desde la Bolívar hasta la Sucre y miren cómo se dieron gusto pintarrajeando los cuadros de paisajes y personajes en los muros del colegio La Salle. Entren a la plazoleta Calderón y admiren “el adefesio lindo” en que la van convirtiendo.
Hace tiempo, en la entrada sur, un enorme mural con el escudo de la ciudad daba la bienvenida a Ibarra, “La ciudad a la que siempre se vuelve”. Lo destruyeron para ampliar la vía y se olvidaron del mural.
A repintar casas.
Sólo que muchos vecinos se olvidan que Ibarra es Ciudad Blanca y que una ordenanza obliga a pintar las casas de blanco…
Ibarra, ¿a quién le duele la agresión y el descuido?

Jacinto Salas Morales
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