Cuando era septiembre

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Cuando era septiembre

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jacinto salasEstamos a las puertas de un mes que, al menos anteriormente, jugaba un papel preponderante en la economía y la cultura imbabureñas. Lo era, por la concurrencia de eventos festivos que involucraban a los tres cantones más importantes de la provincia. En esos tiempos, siempre se promovió: “Septiembre en Imbabura”.

Los tiempos cambiaron. Cierto, las celebraciones permanecen, pero aun cuando se preparan interesantes programas, el turismo nacional parece mucho menos interesado en convertir a Imbabura en destino turístico, cuando el calendario nacional se orienta, fundamentalmente, a las preocupaciones del inicio de clases.

Esta circunstancia limita grandemente la utilización de los recursos familiares en viajes y recreación. Disminuye, en consecuencia, de manera temporal, el turismo interno, lo que contrasta con lo que sucedía en épocas pasadas, cuando Imbabura constituia el obligado atractivo de la temporada final de vacaciones.
Las circunstancias actuales deberían obligar a autoridades, comités de fiestas, sectores turísticos y hoteleros a generar nuevas iniciativas y proyectos para recuperar el flujo turístico que “septiembre en Imbabura”, fue capaz de mantener e incentivar en los últimos 25 o 30 años. Una tarea como esas demanda superar localismos y encontrar propuestas lo suficientemente seductoras para el turismo que, de alguna manera obliguen a aceptar que Imbabura constituye una visita obligada en esta temporada.
Es probable que para muchos, esta sea una tarea cuesta arriba y hasta un despropósito, pues cada cantón solo piensa en “su” programa y nunca, que se sepa, se ha dado una cita de autoridades de los tres cantones para diseñar un proyecto conjunto.
Pero son las circunstancias las que imponen y exigen nuevas y diferentes alternativas, para responder con inteligencia y versatilidad, precisamente, a las condiciones y urgencias de otros momentos.
Tareas como la señalada no pueden improvisarse. En consecuencia, no son para septiembre del 2015, pero sí para pensarlas y digerirlas para cuando pensamientos integradores, de la provincia como tal las impongan. Serán posibles solo cuando las urgencias políticas individualistas, cedan el paso a visiones mucho más integradoras del quehacer social.

Jacinto Salas Morales
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