Guerra desinformativa

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Guerra desinformativa

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Desde antes del paro del 13 de agosto, los ecuatorianos venimos siendo víctimas de un bombardeo desinformativo orquestado por la maquinaria propagandística del gobierno. Ciertos medios y periodistas al servicio del grupo gobernante, se dedicaron a la triste tarea de manipular la conciencia de la gente, presentándole reportajes, informes y entrevistas, que tenían como finalidad posicionar las “verdades únicas” del oficialismo; infundir miedo y generar odio contra el movimiento indígena, protagonista de los reclamos. Así, un canal de televisión pasó una y otra vez imágenes del año 2012, en las que aparecía una persona diciendo que le multarían si no salía a la marcha indígena. Buscando deslegitimar a algunos directivos gremiales, el gobierno escogía a algún miembro ‘de la base’ y lo presentaba ante los medios; por ahí apareció un médico de acento costeño que, muy nervioso salió a decir: “Las demandas de la Federación Médica no van de la mano de las nuestras, no tenemos el mismo liniaje”. La verdad, no sé qué significa la palabra ‘liniaje’. Tanto se grita desde el gobierno que “el pasado no volverá”, mientras tanto, en los canales oficiales desfilaban dando declaraciones, personajes como Antonio Vargas, exministro de Lucio Gutiérrez, y hoy defensor de Rafael Correa; o Miguel Lluco, quien administró el fideicomiso Progreso Repatriation Trust, por encargo del banquero Fernando Aspiazu (quien financió la campaña presidencial de Jamil Mahuad, y estuvo preso acusado de peculado). Las noticias difundidas por los gobiernistas, no pasaban de ser apologías de la mentira o simples verdades a medias: el informe sobre el paro en Imbabura, se redujo a la opinión de una persona, quien afirmó que ahí no hubo nada; cuando sabemos que la oposición y los correístas hicieron acto de presencia en las calles. Desde el poder, a la prensa no correísta la llaman burguesa, mercantilista, carroñera. Jean-Paul Sartre, decía: “Los diarios burgueses dicen más verdades que la prensa revolucionaria, hasta cuando mienten. Pero mienten menos”. Eso, en el Ecuador, lo constatamos a diario.