Lao Tsé y la justicia

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Lao Tsé y la justicia

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Cierto día un emperador de la antigua China quiso nombrar como ministro de justicia a la persona que el pueblo considerara como la más honesta y justa. Llamó a un referéndum y por decisión consensuada y unánime la gente eligió a Lao Tsé. El emperador estaba sorprendido porque ni siquiera había oído hablar de Lao Tsé, pero sus asesores le dijeron que se trataba de un místico muy respetado por todos, un hombre de una inmensa paz y una sabiduría inexpugnable. Cuando le trajeron a la corte, el emperador vio que Lao Tsé era una persona humilde, pero en nada pobre, porque su integridad y seguridad correspondían a todo un Dios y mucho más que un noble.
Entonces le solicitó que fuera el nuevo ministro de justicia, porque el pueblo lo había decidido. Lao Tsé respondió: Agradezco tu gesto majestad, pero te advierto que yo trataré de ser esencialmente justo, velaré por la justicia sin mirar el rostro de nadie. De eso se trata buen hombre, dijo emocionado el emperador, mas Lao Tsé concluyó: Si el pueblo ha decidido, que así sea, aunque estoy seguro que no duraré más un día en este puesto. Entonces llegó el primer caso, se trataba del hombre más rico de la corte quien había sido asaltado por un ladrón. Lao Tsé escuchó pacientemente a las dos partes, al demandante y al demandado. El ladrón demostró que era una persona muy necesitada, menesterosa; en cambio el acaudalado clamó por su dinero. Al momento de dictaminar sentencia Lao Tsé dijo: Son seis meses de cárcel para el rico y seis meses de cárcel para el hurtador. El rico quedó asustado, no podía creer lo que escuchaba, Lao Tsé entonces dijo: el menesteroso no es más que un vulgar hurtador, en cambio tú, le dijo al rico mirándole a los ojos, eres el delincuente mayor porque has acaparado casi todos los bienes del imperio.
De repente entró el emperador, entonces el acaudalado le explicó la extraña forma de dictaminar sentencia de Lao Tsé y le dijo: Este ministro que has designado, es peligroso, a lo mejor este hombre tenga razón, pero tú, amigo emperador, has invadido pueblos, tus soldados y tú mismo han violado mujeres, entonces concluyó: “Si sigues con este raro ministro de justicia pronto querrá meterte preso a ti también”. Entonces el ministro afirmó: Ahora comprendo por qué este buen hombre, Lao Tsé, me dijo que no iba a durar ni un día en el puesto.