La importancia del teatro popular

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La importancia del teatro popular

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En la Escuela de Teatro de la Facultad de Artes, Luis Martínez dirigía el Grupo “La Matraka”. Su amigo, más conocido como el “Mosquito Mosquera”, recuerda: “Es lo más duro en el teatro y creo que fue la mejor escuela que pude tener. En la calle tienes que ganarte al público y mantenerlo. Hacíamos sketches cómicos y la gente aportaba con dinero. Recuerdo que cuando me fui a Colombia a una gira pasé un sombrero, y yo decía que por favor se llene el sombrero, y la gente respondía sí, entonces extendía la copa y se hacía larguísimo el sombrero, entonces hasta la forma de pedir dinero era creativa”.
En el año 1964, se presentaban compañías de teatro españolas, argentinas y de distintas partes del mundo, en el Teatro “Sucre”, que motivaron el desarrollo del teatro de la calle. De los años 1988-1989, de la experiencia escénica del Teatro “Matraka”, es importante resaltar la obra: “Las cosas”, que tuvo como Director a Luis Martínez, que causó gran impacto en el público. La gente camina por una plaza de la capital y se encuentra con un grupo de teatreros. Ellos visten con trajes de colores, máscaras y otros accesorios. Están listos para presentar su obra. Las personas, algo recelosas al inicio, se van acercando despacio hacia ellos para mirar más de cerca. Así, se adentran en la historia. Ríen y se contagian de alegría. Todos terminan aplaudiendo la obra teatral, cuyo escenario es la calle.
Carlos Michelena, actor popular, conservó su escenario teatral en el parque El Ejido de Quito y tenía su clientela que iba creciendo día a día. Hubo una etapa en la cual el teatro salió a las calles de Quito, en las cuales también había otros actores populares: los poetas de la calle, como es el caso de Héctor Cisneros, que le gustaba actuar en el atrio de la catedral; los cantores populares, como es el caso del “Chamo” Jaime Guevara; los pintores populares del parque El Ejido como: Franklin Lucero, Jaime Fonseca, Manolo Marín, los pintores Reinoso, padre e hijo, del Azuay, entre otros. En El Palacio del Poeta, de Quito, ubicado en la Avenida 10 de Agosto 14-64, primer piso, entre las calles Estrada y Checa, se reconoció el viernes 27 de marzo de 2015, la obra de Luis Martínez.