Como venía diciendo...

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Para la derecha ecuatoriana, cualquier pretexto es bueno, si no hay uno a mano, pues lo inventan, el asunto es evitar a toda costa que Correa participe en las elecciones del 2017.
Los volvería a barrer aunque sus candidatos territoriales no estén a su misma altura; su imagen no solo no se ha deteriorado a pesar de la campaña desinformativa bien orquestada por la CIA y sus compinches locales, sino que ha crecido internacionalmente. No en balde las consignas de los opositores en todos los intentos golpistas, aunque comienzan con un discurso “reivindicativo”, siempre terminan en la intención verdadera: “¡fuera Correa!”.
Saben bien que este proceso revolucionario-reformista ha calado en vastos sectores ciudadanos, aun cuando la organización de MP y AP es débil y no ha nacido todavía el delfín que tome la antorcha de este proyecto político; al menos con la vehemencia y carisma de Correa que ha ido “izquierdizándose” en la misma medida en que la oligarquía y su séquito derechista se han vuelto más altaneros y beligerantes.
El paro del 13 de agosto puso en evidencia un escenario de lucha más radical que antes entre las clases que manejaron este país desde la colonia hasta que Correa asumió el poder, con la particularidad, esta vez, de que los acuerdos subterráneos entre la élite indígena y sindical derechista, ahora es evidente. Esto no me sorprende, siempre fue así; no todo lo que brilla es oro, así como no todos los que se dicen de izquierda son revolucionarios.
La historia se mueve de coyuntura en coyuntura pero con libretos de largo plazo y, tan pronto Correa se adscribió al proceso anticolonialista que se lleva adelante en América Latina, su suerte estaba echada: o se radicalizaba con el apoyo de los sectores populares (que es lo que ha venido haciendo); o se convertía en el blanco ideológico y político de una agresiva y sistemática desestabilización que, de no contar con el apoyo de la mayoría ecuatoriana, ya hubiese caído como cayeron los gobiernos corruptos y antipopulares de Gutiérrez y Mahuad…
Como vengo diciendo desde que se inició este cuento.