Representatividad revocada

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Representatividad revocada

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Más de ciento cincuenta mil personas se movilizaron en Quito, otras decenas de miles en las distintas provincias ecuatorianas, todo el país expresó el pasado 13 de Agosto su inconformidad con el  gobierno, cuestionado por abusos de autoridad, corrupción, centralismo, despilfarro del recurso nacional  y violación constante de derechos  humanos. El escenario quiteño se tiñó de sangre, al estilo de las dictaduras, una represión brutal se apoderó de las calles céntricas de la capital, mientras la ciudadanía  demandaba pacíficamente rectificaciones con cánticos y consignas. Violencia,  arrastres, toletazos, golpes, gases, persecución de policías motorizados, caballería, perros, todo en brutal ataque a una ciudadanía indefensa  en la que se encontraban inclusive niños. Cuando el pueblo está en las calles, resta legitimidad a un gobierno,  porque el poder que le otorgó en las urnas nuevamente pasa a manos del mandante, es decir de los ciudadanos; su presencia manifiesta que quien gobierna ya no les representa. Se produce ética y simbólicamente una reversión o revocatoria del mando, allí es cuando el poder representado en el Estado por las fuerzas represivas entra en acción para sostener la legalidad de ese Estado porque la legitimidad ya no la tiene. Con la sostenida presencia  del pueblo en el escenario público, se mina la representatividad de un gobierno cuestionado, hasta que  son las propias instancias creadas para sostener el poder (Policía y FF.AA) las que deben legitimar el poder ciudadano y de esa manera  se procede a restablecer la paz social. El país tiene mucha casuística al respecto,  pues en los últimos veinte años  tres gobiernos fueron derrocados. La historia de nuestro país desde la Colonia ha estado marcada por la rebeldía social, para bien o para mal los ecuatorianos somos libérrimos, no aceptamos látigos ni prepotencias; esa actitud es parte de nuestra identidad,  construida en medio de la pluriculturalidad y diversidad étnica de la que debemos enorgullecernos, y tener claro que quien  gobierna y no reconoce como actores sociales a los indígenas y afroecuatorianos, ni  respeta la dignidad del pueblo quiteño, puede estar haciendo maletas.