¡No pasa nada!

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¡No pasa nada!

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Ese es el concepto del oficialismo, pero el país es testigo de que está pasando mucho.
El paro nacional convocado por las fuerzas sociales contrarias al gobierno, tuvo su repercusión el día jueves.
La marcha y levantamiento indígena como estrategia de lucha de la Conaie en representación del movimiento indígena; el paro nacional convocado por los sindicatos de trabajadores al cual se plegaron los médicos y se unió la clase media, más otros sectores, se hizo sentir.
Las demandas son reales pero el oficialismo no las ve y descalifica la protesta diciendo que no hay demandas concretas, pero los ejemplos están a la vista: educación bilingüe, los expertos y las familias en las comunidades están viviendo los problemas que genera el nuevo sistema de educación que no responde a las realidades socio culturales de los pueblos, generado grandes problemas.
El sistema para acceder a las universidades con exámenes impide el acceso a las universidades de los jóvenes indígenas y afroecuatorianos, quienes por razones estructurales del sistema, no han alcanzado los puntos necesarios para acceder al sistema educativo superior. Y cosas similares se dan en otras áreas como: agricultura, salud, servicios básicos, etc.
El oficialismo debe dejar a un lado los descalificativos soeces a los dirigentes sociales, esto ha exasperado y ha provocado más reacciones.
No se puede calificar al movimiento indígena como instrumento de la derecha porque es un bajo argumento de una lucha social. Los temas en disputa son otros y no hay que distraerse de estos.
El gobierno y los sectores sociales de oposición deben entrar en procesos de diálogos políticos serios, de no ser así, se está dando pasó a la consolidación de la derecha política que busca con revancha el poder.
Con estos hechos nos vienen muchas reflexiones.