El inolvidable rostro tiznado del líder Salvador Quishpe

Ratio:  / 1
MaloBueno 

La amplia difusión de los medios privados de la imagen del prefecto de Zamora y líder de la marcha indígena-oligárquica, Salvador Quishpe, manchado de ceniza o “tizne”, como decía mi abuela Michita, es la expresión más clara del plan de la oposición radical en su afán de derrocar al Gobierno.
Una de las claves, ya lo sabemos, es la autovictimización. Sin embargo, para “calentar las calles” –como dice el manual golpista- se requiere un elemento fundamental: que la prensa le dé extensa cobertura (¿unos tres minutos, como decía otra dirigente a la que alguien le grabó y puso en evidencia sus movimientos desestabilizadores?). Y así fue. Cuando Quishpe apareció (o reapareció nadie sabe de dónde) en la marcha con el rostro manchado, sin sombrero, con la camisa aparentemente desgarrada y con el pelo suelto, un muy conocido canal de televisión nacional tenía listas dos cámaras y dos micrófonos.
Los periodistas de los medios antigubernamentales improvisaron una rueda de prensa y, en principio, consiguieron su propósito: mostrar que el Gobierno es “totalitario, represor, fascista y torturador”. Pero el sentido común de los ciudadanos, quienes ahora leen con incredulidad y suspicacia los mensajes de los medios y entienden mejor las entrelíneas y los silencios de la prensa y sus cómplices, con rapidez empezó a analizar los elementos de la imagen del inolvidable rostro oscuro del prefecto Quishpe. ¿Arrastrado por los policías por las calles sucias y cenicientas de los restos de los neumáticos quemados por los propios dirigidos por Quishpe, sin tener ni un rastro de golpes, con el cuello totalmente limpio y con un finísimo reloj, intacto en su muñeca izquierda?
De supuesta víctima del “gobierno represor”, Quishpe pasó a ser “trending topic” de tuiteros expertos en memes (recurso digital para colocar imágenes con textos, generalmente para burlarse de personajes públicos) y se convirtió en la burla de medio país. Pero ese no es el punto. Lo esencial es que el show del prefecto fue que se transparentó la absurda alianza entre la prensa, los indígenas golpistas, los “movimientos sociales mestizos” y los sectores oligárquicos. Será para la próxima, Salvador Quishpe. Un “media training” más preciso quizás lograba su propósito y habría estremecido al país, no lo hubiera hecho morir de risa.