¿Seres libres o rebaños?

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¿Seres libres o rebaños?

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Solo los necios o los locos viven en soledad absoluta. Y ello es así porque la soledad del ser humano no depende del número de personas que le rodean ni del ambiente que le envuelve, sino del encuentro con el yo íntimo.

La única soledad posible en los seres inteligentes significa, en idea o en presencia, multitud de personas y cosas. Después de una meditación sosegada, nace el ansia de proyectarse para aclarar ideas o “desfacer entuertos”. El individuo, al calar hondo en la entraña de su vida, lo hace también, quizá sin advertirlo, en la entraña de la sociedad a la que pertenece y cuyos pilares son la familia, la tribu, los pueblos, las naciones, el universo….
Está probado que la omisión o comisión de los actos afecta a multitudes. Si el odio es la antítesis del amor, tendremos que el amor –hasta en su grado negativo- es el vínculo más fuerte que une a los seres. La sociedad perfecta será aquella en la que sus miembros anhelan bienes comunes, con olvido del “yo” y ansia del “nosotros”. Para conseguir armonía en la música es necesaria la cooperación, la unión de notas, cada una de las cuales, independientes, aisladas, poco o nada significan. Un filósofo de la antigüedad dijo que la música es la ciencia del amor con relación al ritmo y la armonía.
¿Quiénes rompen las ataduras del amor fraterno en el mundo de hoy? ¿Quiénes hacen imposible el normal desenvolvimiento de la sociedad? ¿Cuáles son las notas estridentes que quiebran la armonía en el gran concierto del universo? La respuesta es elemental, sencilla y hasta avergüenza formularla, por su simplicidad. Desde los orígenes, el individuo es unidad con la Naturaleza. El hombre no es causa de sí mismo aunque sea continuidad de sí a través de sus actos, pero su voluntariedad no logra rebasar leyes que le son superiores, que exceden a sus facultades. Sí puede, en cambio, alterar determinadas leyes físicas, en virtud de su inteligencia científica, adquirida, o transgredir leyes morales en virtud del libre albedrío. Vivimos en una hora histórica. ¿Utopías? Tal vez; pero vale la pena aportar ideas en el mundo de robots que nos ha tocado vivir, un mundo cuyos dirigentes son, a veces, como lobos cuidando ovejas…