La confesión y la felicidad del corazón

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La Iglesia Católica mantiene actual el sacramento de la reconciliación como la fiesta del abrazo, donde Dios lleno de misericordia nos acoge como a hijos pródigos, que después del mal uso de nuestra libertad humana nos salimos del amoroso plan de Dios para experimentar pasajeras vivencias de una felicidad hedonista, materialista, consumista y egoísta que nos deja muchas veces culpabilidad existencial, vacío interior y conductas no éticas ni morales en la virtud del bien integral, que nos realiza como personas equilibradas y prudentes.
San Pablo nos dice: mortificad pues,l o que hay de terreno en vuestros miembros, la fornicación, la impureza, las pasiones, la concupiscencia mala y la avaricia que es una idolatría, desechad también la ira, la indignación, la blasfemia y la conversación deshonesta, por tanto como elegidos de Dios, santos y amados, revestíos de entrañas de misericordia, de bondad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia, revestíos de caridad en el vínculo de la perfección y que la paz de Cristo se adueñe de vuestros corazones. Que la palabra de Cristo habite abundantemente, enseñaos con la verdadera sabiduría, amándonos unos a otros con salmos, cantando agradecidos en vuestros corazones.
El Papa Francisco nos dice: vivir el sacramento como medio para educar en la misericordia, dejarse educar por lo que celebramos, custodiar la mirada sobrenatural son las exigencias del ministerio de la reconciliación. La iglesia Católica en todo tiempo ha valorado la confesión como un medio sacramental para obtener el perdón de Dios y sentir la paz y felicidad en el corazón humano, que sólo descansará en Dios salvador. Bien decimos, levántame Señor, que estoy caído, sin amor, sin temor, sin fe, quiérome levantar, estoy dividido, en un tiempo muerto y vivo triste, tu bondad y poder truequen mi suerte, heme Señor, a tus divinas plantas, conoces nuestra vida y nuestra historia y sabes también que hemos pecado por eso hacia ti nos dirigimos confiando que seremos perdonados. Hoy que estamos próximos a celebrar la vigilia de Pentecostés renovemos la vida con la confesión personal y así seremos criaturas nuevas que buscamos la santidad en nuestra vida ordinaria.