El precio de no ser comunitario

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El precio de no ser comunitario

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En la llamada modernidad donde la tecnología arrastra los sentidos, el individuo contemporáneo (ser solitario y distante pese a estar rodeado de aparente contacto social), se siente cada vez más inseguro, vulnerable y solo, provisto de iPhone, GPS, alarmas, rastreadores, navega desesperado, inquieto, siempre ansioso, arrastrado por el consumismo; cree vivir escenarios fantásticos, pletóricos de arribismo, teniendo a su alcance todo cuanto añora, porque la modernidad se lo permite; esta es la realidad que construye, la que cree vivir.
En otros tiempos no muy lejanos, hablo quizás de dos o tres décadas atrás, el individuo como tendencia era comunitario, se sentía parte de una comunidad social; la percepción de sí mismo y de los demás era distinta, se acogía como parte de un todo, era fuerte, comprometido, dispuesto a colaborar por el bien común, liderando grandes causas, generando enlaces porque valoraba el principio de lo comunitario. Creo que es el estado moderno el que ha llevado a esta transpolación de individuos, del comunitario al individualizado; éste último frágil y temeroso, caldo de cultivo de cualquier novelería y por tanto dependiente del estado. A este individuo no le molesta su presencia descomunal (intromisión estatal), en la medida que dice garantiza su seguridad, trabajo, accesibilidad, orden social y por tanto alienta y justifica la policialización, la punición y el control de todo.
Por naturaleza andina los ecuatorianos tenemos un principio de comunidad, que no se perdió pese al mestizaje, son prácticas sociales que sobreviven sectorialmente, en medio del avasallamiento de la modernidad; se las percibe en los pueblos, en las comunidades, lejos de los sectores financieros; en ciertas barriadas donde se asientan migrantes del campo, que construyen sus relaciones sociales en base a lo transmitido. Resulta tan tedioso y antipático en cambio el trajín de otras zonas citadinas donde el blanqueamiento con ropa de marca y estereotipos de vida les hace pensar que forman parte de una realidad “cool” que no es auténtica. Hay que reivindicar lo comunitario asumiéndonos como mestizos y entender que lo comunitario nos hace fuertes frente al estado.