El caso Diario Hoy y la desmemoria social

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El caso de los trabajadores del Diario Hoy es una de las repetidas tragedias del país: la desmemoria general.
Un año después del cierre del periódico, en agosto pasado, ninguna autoridad ha sido capaz de resolver el problema de cientos de gente que exige a quien fue su propietario, Jaime Mantilla Anderson, expresidente de la poderosa Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), pague sus liquidaciones.
Entre sus sofismas, Mantilla acusó al Gobierno y a la Ley de Comunicación (que apenas lleva dos años en vigencia) de ser los culpables de la crisis de la empresa.
Según él, las causas fueron la falta de publicidad gubernamental y el retiro de contratos estatales para imprimir libros escolares.
Lo que Mantilla no admite es que arrastraba la crisis al menos una década atrás. Y que, como se ve ahora, la autoclausura fue una evasión de responsabilidades tributarias y laborales.
Un diario que el 7 de junio de 1982 se inauguró como “independiente, plural, crítico e irreverente” y que en un momento jugó un papel decisivo para educar y movilizar a la población, terminó convertido en actor proselitista.
El rol de un medio no es el de ser partido político. HOY no lo entendió y extravió el rumbo. Al perder credibilidad y lectores ya no pudo “vender audiencias”, se desfinanció y se autoclausuró.
Lo más antiético ha sido la actitud de Mantilla contra los intereses de quienes lo sirvieron con lealtad durante más de 30 años. Y lo inexplicable es la indiferencia estatal para exigirle al expropietario que pague a los abandonados extrabajadores.
Es la desmemoria social.