¿Amos o esclavos en la vida?

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¿Amos o esclavos en la vida?

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kim viveroEn todos los tiempos, las virtudes, dones, cualidades y sentimientos han sido considerados como el patrimonio espiritual y moral del hombre, la mejor carta de presentación de un profesional, y el valor agregado de una autoridad para poder demostrar la personalidad y comportamiento ante los demás. Es evidente, que ningún ser humano nace lleno de sabiduría, bondad, generosidad, amor, humildad, responsabilidad, respeto o paciencia, pero tampoco de ignorancia, maldad, egoísmo, odio, orgullo, irresponsabilidad, irrespeto o impaciencia. De la voluntad, entorno social y tipo de educación que haya recibido, cada uno adquiere, desarrolla y perfecciona la capacidad para tomar las mejores decisiones y ser un buen hombre o la incapacidad para tomar las peores decisiones y ser una mala mujer; por lo que, el llegar a ser una excelente persona, ilustre ciudadano, profesional intachable o digna autoridad no solo depende de uno mismo sino también de quienes se encuentran alrededor, porque todos pertenecemos a una familia, barrio, institución o país. Además, en algunos casos debemos pensar, sentir y actuar de acuerdo a necesidades y conveniencias corporativas, exigencias y contratos institucionales, obligaciones y políticas estatales, que regulan o direccionan nuestro quehacer y convivir diario. Se debe resaltar que ningún hombre ni mujer tiene la obligación de convertirse en sabio, intelectual, filósofo o científico para poder convivir con las demás personas en paz y armonía, pero todos los hombres y mujeres tenemos el deber ético y moral de actuar siempre con honestidad, responsabilidad, justicia, respeto, y equidad para consolidar el buen vivir a todo nivel. Cada ser humano tiene la “libertad” de elegir lo que más le convenga para su bienestar personal, pero esta elección jamás debe ser confundida con “libertinaje;” puesto que el atentar contra la dignidad, sobrepasar los límites, irrespetar las leyes e incumplir con los deberes, solo genera problemas, crea barreras y multiplica los conflictos. Entonces, convirtámonos en “amos” de nuestras virtudes para ser “libres” y no “esclavos” de nuestros impulsos para ser siempre “cautivos” en la vida.