Juego de muerte

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Juego de muerte

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myriam valdiviesoLa muerte de un niño de seis años en el estado mexicano de Chihuahua, conmociona a ese país y al mundo por el contexto que tiene, al haberse producido en medio de un “supuesto juego” al que le llevaron sus propios primos y vecinos de entre once y quince años de edad. Jugar al secuestro, a la muerte, a los sicarios es parte del imaginario de los niños mexicanos excluidos por la pobreza, la ignorancia, la inseguridad y la violencia que impera en ese lugar.

Nada inocente fue aquel juego en donde le mataron asfixiándole, le golpearon con palos, le acuchillaron, le sacaron el ojo y le enterraron con un perro al que también acribillaron. Este hecho horroriza nuestras mentes, nos sacude y nos lleva a reflexionar sobre el tipo de sociedades que estamos construyendo, al permitir que la violencia, la droga, la corrupción se conviertan en un patrón de convivencia. La sociedad es indiferente hasta cuando el dolor y la muerte no llega, allí es cuando se pretende reaccionar para corregir los errores que van enraizándose desde hace tiempo. Somos indiferentes y tolerantes ante las reacciones de violencia, inseguridad y deformación de la conducta humana, no nos inmutamos frente a cambios de comportamiento de nuestros jóvenes y niños, es como si nos fuésemos acostumbrando a otros estilos de convivencia; esperamos que sea el estado quien defina las políticas de seguridad y control, no asumimos la responsabilidad social que cada uno de nosotros tiene frente a los demás y en especial frente a la niñez, no tomamos en cuenta que los adultos somos ejemplo de conducta.
México fue ahora un escenario de muerte en medio de un “juego macabro”, pero cualquier otro país de Latinoamérica o África puede serlo, porque son lugares donde cunde la pobreza y la marginalidad, donde el ser humano alcanza niveles de degradación en medio de una suerte de sobrevivencia en medio del caos. Este hecho que amerita un análisis sociológico y psicológico profundo de las sociedades debe llevarnos a sacudir nuestra actitud, a no permitir que nuestros juegos infantiles se transformen en hechos sangrientos. La prevención de la violencia es una prioridad de las políticas públicas y también de las familias.

Myriam Valdivieso Cox
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