Ecuatorianos somos demasiado sumisos (I)

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ramiro-velaEs práctica generalizada en el mundo llevar a los insumisos poco menos que al paredón.
Y al referirme a los insumisos no centro mi atención –práctica también generalizada- en quienes además de pagar sus impuestos y cumplir con todas las leyes -que son muchas y no todas juntas- se niegan, no obstante, a coger la bandera.
Éstos, que son los insumisos menos insumisos, son tan sólo una parte -aunque la más visible- de los auténticos insumisos que pueblan el país.
Y mi pregunta es: ¿por qué ese rechazo de los insumisos? Y las respuestas son muchas, pero sólo una: porque obligan a pensar y a actuar a los sumisos.
A esos sometidos, esclavos de sí mismos, que prefieren el dogal y el sofá ante el televisor a asumir que son seres vivos pensantes.
Pero, ¿quiénes son los insumisos? ¿No son acaso los que han cambiado el mundo y han hecho posible que los sumisos, los demasiado sumisos, puedan vivir de pie y no arrodillados?
Insumisos fueron los primeros cristianos. Y los demasiado sumisos, los inmovilistas, aquellos que preferían halagar a moverse, que preferían una triste sopa asegurada a luchar por un nada o un todo en libertad, esos, los buenos y fosilizados ciudadanos, los arrojados a las fieras.
Eso sí, en nombre de un orden establecido, estático, que temían se les cayera encima si lo movían. (Continúa...).