Construir la fraternidad sacerdotal

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mauro aguirreEl Papa Francisco en algunos encuentros con el clero y religiosos dice: “ser sacerdote es hermoso”. Sí, es hermoso ser sacerdote, y también ser consagrado. Comparto con vosotros la sorpresa siempre nueva de ser llamado por el Señor a seguirlo, a estar con El, a ir hacia la gente llevando su palabra, su perdón. En verdad es algo grande de lo que nos ha pasado, una gracia del Señor que se renueva todos los días; con antiguos y nuevos desafíos, salimos al encuentro de las necesidades de muchos hermanos, corriendo el riesgo de ser totalmente absorbidos. Es necesario encontrar siempre el tiempo para estar ante el sagrario, para percibir en nosotros la mirada de Jesús, que nos renueva y nos reanima; somos buenos obreros o nos hemos convertido  en funcionarios, si somos canales abiertos, por el cual fluye el amor y la gracia del Señor, o si, en cambio nos ponemos en el centro a nosotros mismos, acabando por convertirnos en pantallas que no ayudan al encuentro con el Señor.
Luego está la belleza de construir la fraternidad, de ser sacerdotes juntos, de seguir al señor no solos, no individualmente, sino juntos en la gran diversidad de los dones y personalidades y todo vivido en la comunión y  fraternidad.
Esto no es fácil, no es inmediato y no se da por descontado, porque también nosotros los sacerdotes vivimos  inmersos en esta cultura subjetivista de hoy, que  exalta el yo hasta idolatrarlo. Y luego existe también un cierto individualismo pastoral, que lleva a  la tentación de seguir adelante solos, o con el pequeño grupo de los que piensan como yo.
Dice el  Papa; Os animo por tanto a salir para ir al encuentro del otro, a abrir las puertas y llegar a las familias, los enfermos, los jóvenes, los ancianos, allí donde viven buscándolos, estando junto a ellos, sosteniéndolos, para celebrar con ellos la liturgia de la vida.