Los fantoches

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Los fantoches

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myriam valdiviesoEn el mundo de los fantoches no hay ficción sin el titiritero, el escenario está creado para el movimiento pues esa es la única expresión permitida; la palabra está castrada porque los fantoches no hablan, obedecen las directrices de movimiento que impone su hacedor. En excepción el fantoche puede parecer un muñeco de ventrílocuo pero igual va a expresar únicamente  lo que quiere que diga el director. Habitan en un baúl, armario, caja, costal, cuarto, oficina o palacio, siempre están silentes, inmersos en un arquetipo,  jamás serán cuestionadores de nada ni se relacionarán consigo mismo para analizar sus actos, porque son muñecos y tienen carencia de libertad. El escritor y dramaturgo guatemalteco, naturalizado mexicano  Carlos Solórzano  les puso en escena precisamente  para a través de esta obra enfocar el contexto filosófico del existencialismo,  para cuestionar el sentido de la vida,  la existencia  del hombre en el mundo y su trascendencia, pues la naturaleza humana nos permite pensar y actuar en medio de contradicciones y angustias,  siempre apegados a la  libertad como principio, pues su carencia vendría a constituirse en la falsedad de la misma existencia. Si llevamos a los fantoches al escenario real de la política nacional, vamos a identificar que su acto está apegado a su naturaleza, no son lo que la mayoría suponía que eran al nombrarles sus representantes, es decir el error no fue de ellos sino de los que les eligieron porque siempre fueron fantoches,  sencillamente la gente fue engañada por ellos y su titiritero al pretender mostrar  libertad de acción, pensamiento crítico, autonomía; cuando en realidad eran eso, unos fantoches a los que  les sientan en las curules, les sacan de allí, les llevan  a Carondelet, les vuelven a las curules, les colocan un mensaje grabado que llevan y  traen, mientras el director  les mueven  los hilos para que rían, reciten, levanten la mano, bostecen, se miren unos a otros y luego vuelvan a las cajas. Este arquetipo del fantoche político podría ser incorporado en una versión contemporánea de  la obra de Solórzano, para que se muestre con los otros  personajes que viven en un mundo donde no se cuestiona nada, donde siempre se repiten los mismos actos;  ahí está el viejo que inmutable corta papeles de colores, el artista que construye sueños, el filósofo pensador que cuestiona los hechos de la vida, el Judas que da la espalda a todo, la niña que desintegra, el viejo que manda a la niña  y la mujer que ama y quiere prolongarse a sí misma con  la procreación. El teatro ya es de tod@s.