Razón o abuso

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Razón o abuso

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jacinto salasEl video subido a las redes sociales es por demás elocuente. La fuerza pública pugnando por ingresar a la sede del Fondo de Cesantía del Magisterio, mientras al otro lado de la puerta, maestros y funcionarios tratan de hacerse fuertes e impedir, no sé si sea válido llamarlo, el asalto policial. Como telón de fondo, los angustiados gritos de “ladrones…, como ladrones llegan a la media noche… pero esto, mañana, lo sabrá todo el país…”. Consumada la decisión,  “emanada de orden superior”, el BIESS iniciará la administración de ese millonario Fondo de Cesantía.  Le acompañarán la casi total censura de los maestros asociados, y un débil aplauso de unos cuantos, identificados con la recientemente creada Red de Maestros, afín al correísmo. A esta hora, buena parte del pueblo ecuatoriano tiene ya un criterio de lo ocurrido. Para muchos, el procedimiento adoptado constituye  sencillamente un abuso, una muestra más de la serie de arbitrariedades en los que incurre la administración gubernamental. Si las autoridades hubieran optado por acogerse,  estrictamente, al debido proceso, es probable, incluso, que contaran con el respaldo de muchos. Pero no. Por razones que no explican pero se presumen, obviaron procedimientos legales  y derechos que amparan a los socios de los fondos.  Un ejemplo, no esperaron los informes definitivos de las auditorías encomendadas a dos firmas. Y ello, porque se presume que su trabajo investigativo todavía no concluye. Por lo mismo, tampoco dieron oportunidad a los directivos de los fondos a conocer los informes preliminares o borradores de esas auditorías, lo que les hubiera permitido responder y aclarar las presuntas observaciones, justificar, en caso necesario, inversiones o procedimientos contractuales. Además, sin respetar las disposiciones legales a las que tiene derecho todo funcionario, simplemente cesaron a siete de ellos. Son los procesos legales, estricta, escrupulosamente seguidos por quienes juraron sujetarse a la Constitución y las leyes las que garantizan los derechos, no la retórica vacía a la que nos van acostumbrando los políticos de la revolución.