Galeano en Otavalo

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Galeano en Otavalo

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juan rualesLa muerte de Eduardo Galeano sorprendió y dolió a casi todos. Los derechistas y pro imperialistas le aborrecían por las inculpaciones que siempre les hizo a su complicidad con el neocolonialismo y a los esbirros imperiales debe haberles alegrado su partida, pues Galeano era la voz de la descolonización de los pueblos sin voz, de los millones de desesperados que sueñan con una genuina independencia de esta América Galeana. 

Conocí a Galeano a mediados de los 70s,  poco después de su publicación y Premio “Casa de las Américas” de “Las Venas Abiertas de América Latina”, desde entonces seguí sus huellas y creo que no se me escapó ninguna, pues llevé a mi biblioteca cuanto libro de él o sobre él encontraba en los escaparates de las librerías, buscando en ellos las claves de la descolonización del pensamiento. Entonces jamás pensé que una década más tarde tendría el honor de tomar un café con él junto a Jorge Enrique Adoum.
Por esos años compartimos una mesa redonda sobre temas de cultura e identidad con Adoum y Miguel Donoso Pareja, ambos recientemente fallecidos,  dentro del contexto de un encuentro nacional de escritores. Adoum tenía una relación casi familiar con Galeano y por ello le convidó a conocer nuestra emblemática Plaza de los Ponchos. Allí nos encontramos por casualidad y ante el requerimiento de Adoum, los llevé a tomar un  “café de chuspa”  en la casa de mi madre a cien metros en la calle Salinas y Bolívar. Les guiaba mi amigo músico José Quimbo. Hablamos de libros, de los procesos interculturales  de Otavalo, de poesía, de América Latina. El año anterior hice lo posible por traerle a la Universidad Técnica del Norte de ponente para el IV Congreso de Gestión Cultural, Andrés Mottola, Secretario de la Embajada de Uruguay me apoyó en este empeño, pero el gran escritor ya no podía hacer viajes tan largos. Nos quedamos con las ganas de escucharle, pero su voz vibra en decenas de conferencias que se las puede y debe ver y  escuchar en Internet. América se queda viuda de su chasqui mayor… Al menos,  a la vista, no hay otro tan grande y luminoso que le tome la posta a su voz libertaria.